No está claro de donde procede el actual nombre de Extremadura, una tierra olvidada y a menudo menospreciada. Algunos historiadores opinan que quizás proceda del término con que se conocía en los reinos cristianos a los territorios situados al sur de dicho río.
Desde aquí solo pretendo hacer un pequeño homenaje a la tierra donde ahora vivo. De ella es mi mujer y en ella han nacido también mis dos hijas.

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miércoles, 20 de febrero de 2013

la avifauna del río zújar.


Con objeto de ver y fotografiar alguna escurridiza nutria, en las últimas semanas me he acercado varías mañanas a la ribera del río Zújar, en concreto, a un bonito paraje donde se encuentra el molino del Capellán. Lamentablemente, como era de esperar, no pude ver ningún ejemplar de este pequeño mamífero pero sí constatar su presencia gracias a sus característicos excrementos, en los se aprecian muy bien los restos de espinas de pescado y de cangrejo americano.

A cambio, he podido observar y fotografiar algunas aves. En realidad,  mis conocimientos en esta materia son nulos, pero he podido identificarlas gracias a la ayuda de una pequeña guía de campo, ejercicio que recomiendo a todos los aficionados a la Naturaleza. 

De manera que, escondido entre los arbustos o dentro de las casetas de maderas habilitadas para la observación, he podido conseguir varias fotos, normalitas tirando a malas, de algunas de las aves que tienen su hábitat en este río. 

Herrerillo común..
Milano real.
Garza blanca o garceta grande.
Garza  blanca o garceta grande.
Macho de ánade real o azulón. 
Zampullín común o somormujo pequeño.
Cormorán grande, emergiendo del agua.
Cormorán grande.
Cormorán grande, secando las alas al  sol
después de un chapuzón en busca del desayuno.
Garza real.
Garza real en vuelo.

Como curiosidad, comentaros que he podido leer que el cormorán grande, ave de escasa presencia hasta hace poco tiempo en los ríos y humedales extremeños, ha experimentado en los últimos años un aumento significativo y preocupante de su población y se ha convertido en un serio competidor para otras aves y para los aficionados a la pesca. 

Comentaros también, y esto es fruto de largas horas de observación bajo las condiciones climáticas más adversas, que he podido observar que, de un tiempo a esta parte, el cormorán y la garza real no se dirigen la palabra y ni siquiera se miran, dando además muestras de un gran malestar cuando ambos coinciden en algún lugar del río...



Por último, deciros que mi mujer afirma que llevo varios días con muchos pajaritos en la cabeza...



río zújar. badajoz.
Aquel fin de semana pudimos disfrutar del caudaloso río Zújar, de un bonito paisaje y de diversas formaciones geológicas, como los dientes de perro y las marmitas de gigantes. No me refiero a la marmita donde se cayó Obelix cuando era niño. Las marmitas son oquedades en las rocas, producidas por piedras que giran a causa de los remolinos que se forman en el fondo de los ríos. 


los pájaros.
He observado que cada vez que el reloj señala la hora, es decir, cada quince minutos, se produce una escandalosa desbandada general y los pájaros abandonan la iglesia para volver al cabo de cierto tiempo. Siempre que los veo, posados sobre la torre, inmediatamente me viene a la cabeza la magistral película de Alfred Hitchcock...


lunes, 4 de febrero de 2013

la tumba de enrique cuarto.


A propósito de una serie que sobre la vida de Isabel la Católica ha emitido recientemente RTVE, recordé que había leído en algún sitio que su hermanastro, el rey Enrique IV, había sido enterrado en el monasterio de Guadalupe y que su cuerpo había sido hallado de manera casual a mediados del siglo XX. Posteriormente tuvo lugar la exhumación de sus restos en presencia, entre otros, de Gregorio Marañón.

Este investigador, basándose en los textos que los cronistas coetáneos de Enrique IV nos dejaron, había determinado que el rey padecía una serie de enfermedades y malformaciones que influirían de manera determinante en su carácter. Así, Marañón afirmaba que Enrique era un hombre corpulento y de altura considerable para la época, con cabeza, pies y manos grandes, progmatismo mandibular (que  heredaría años después Carlos I), cejas y frentes salientes y piernas largas y convergentes. Es decir, Enrique de Trastamara sufría eunucoidismo acromegálico. Lógicamente, este cuadro clínico influyó y mucho en su personalidad, ya que según el médico madrileño y otros científicos, el rey era un ser huraño, tímido, débil de carácter, abúlico, melancólico... A todo ello habría que añadir su más que probable impotencia, su negativa a estrechar la mano de nadie ya que tenía sus manos hipogenitales (sudorosas y frías), y su gusto por la música y por vestir ropas moras, algo que no era demasiado bien visto por algunas personas...

Como veis, la vida de este personaje no debió ser fácil por sufrir estos problemas físicos y por su introvertido carácter, pero también por estar rodeado de nobles traidores e intrigantes, expertos conspiradores en interés propio.

Fue la casualidad, como decía antes, lo que provocó el descubrimiento de la tumba de Enrique IV y de su madre, la reina María de Aragón, ya que, allá por los años cuarenta del siglo pasado, el mal olor procedente de un gato muerto que se había introducido tras el Altar Mayor de la Iglesia, hizo que un joven estudiante de Historia, Manuel Cordero Vázquez, se descolgara desde el techo con objeto de retirar el cadáver del animal. Una vez detrás del altar, descubrió dos ataúdes y enseguida dio cuenta de ello a Miguel Ángel Ortí Belmonte, uno de sus profesores, que a su vez avisó a la Real Academia de la Historia.

Finalmente, el 19 de octubre de 1946 se procedió al estudio de las momias y de los ropajes con que fueron enterradas. Tras este estudio, Marañón pudo comprobar que las teorías que había confeccionado se correspondían bastante con la realidad.

Bajo este cuadro se accede por una galería al lugar donde
se encuentran los restos del rey Enrique y su madre.
  "La estatua de Enrique IV se ve de perfil, ante un reclinatorio cubierto con
un paño y con un almohadón sobre el que está la corona. El rey  arrodillado
y con las manos juntas cubre su cuerpo con un manto blasonado"
Catálogo Monumental de Cáceres. José Ramón Mélida.

Quitada la tabla medio-relieve que se encuentra debajo del cuadro de la Anunciación, en el lado del Evangelio del Altar Mayor, quedó al descubierto una galería con bóveda de medio cañón y arco apuntado, donde había dos cajas de madera, lisas, del siglo XVII. En una de ellas se hallaban los restos momificados pero muy destruidos de la reina María, envueltos en un sudario de lino, cuya momia no ofrecía materia de estudio. En la otra caja, los restos de Enrique IV, envueltos en un damasco brocado del siglo XV, sudario de lino, restos de ropa de terciopelo, calzas o borceguíes. Se procedió a la medición antropológica de la momia y examen de las telas, retirando un trozo pequeño de damasco para su estudio, el cual pasará al Museo de Telas y Bordados del Real Monasterio.  (Extracto del acta levantada en la apertura de los sepulcros de Enrique IV y su madre.)

En una visita reciente al monasterio y al citado museo, pudimos ver, en efecto, las telas con que fueron enterrados Enrique y su madre. Sin embargo, no me fue posible tomar alguna imagen de estas por la prohibición de realizar fotografías ni películas de vídeo en el interior de los museos.

Si no me equivoco estos son los únicos reyes enterrados en Extremadura ya que Carlos I, el nieto de Isabel, estuvo, por deseo expreso, enterrado en Yuste hasta que su hijo hizo llevar su cuerpo al Monasterio del Escorial, donde permanecen en la actualidad.

En la web del monasterio de Guadalupe se puede leer que muchos reyes visitaron y pernoctaron en sus dependencias; desde Alfonso XI hasta Juan Carlos I, pasando por el propio Enrique IV, los Reyes Católicos, Carlos I o Felipe II, aunque fueron Isabel y Fernando los que más atraídos se sintieron por Guadalupe. De hecho, parece ser que aquí fue donde Cristobal Colón, después de tanto insistir, consiguió las ordenes y la financiación para su viaje a las Indias Occidentales.

La mayoría de la información para hacer esta entrada la he obtenido de los siguientes enlaces. En ellos podéis ampliar esta información.

Enrique IV de Castilla (1454-1474). Un singular enfermo urológico (I, II y III). Emilio Maganto Pavón.

Isabel la Católica en la Real Academia de la Historia. Luis Suárez Fernández, Carmen Manso Porto y Abraham Rubio Celada

D. Miguel Ángel Ortí Belmonte: Sus tres emociones históricas vividas en Cáceres. Alonso J. Corrales Galán.

Estatuas de Enrique IV y  su madre. Ambos aparecen  orando de rodillas,
con las manos juntas, ante un reclinatorio.
Catálogo Provincial de Cáceres. Jose Ramón Mélida.
Altar Mayor de la Iglesia del Monasterio. En la parte izquierda, la
estatua sepulcral de Enrique de Trastamara y el cuadro de la Anunciación.